Consideraciones para el monstruo: Del monstruo considerado como una de las bellas artes Vicente Quirarte

Para los números 6 y 7 de la revista Los universitarios, correspondientes a marzo y abril de 2001, se dio un juego de remitentes. Jorge Volpi escribe a Mr. Hyde una carta a manera de justificación que aboga por el acusado y su calidad de monstruo. Al mes siguiente, Henry Jekyll, sin importar la distancia geográfica y temporal, le contesta en agradecimiento. Ignorando que el estilo de respuesta (dada la narración) asemeje a otro autor de la misma serie impresa. Este ejemplo da muestra de la realidad alcanzada por un género literario, gracias al culto y la extravagancia del mito en el imaginario del horror. monstruo Del monstruo considerado como una de las bellas artes¹, reúne cinco ensayos en la forma ya usual de Vicente Quirarte, que se rigen bajo el hechizo de la metáfora, el análisis psicológico o la perpetua visión adolescente de la fantasía, dentro de una prosa trabajada y contundente. No debe omitirse el sexto capítulo, a manera de experimento, respetuoso del científico novelesco, que se mueve en la libertad del texto dramático y la erudición del ensayo, nuevamente.


Esta apuesta del autor de los libros, Zarabanda con perros amarillos o El fantasma del hotel Alsace, brinda anécdotas, datos complementarios, crítica retórica y sobre todo consideraciones hacia el personaje tétrico y clásico, contemporáneo aunque romántico, de algunas creaciones (posiblemente hechuras) sobresalientes de la literatura, la realidad o el arte gráfico. Paralelamente en el libro se aborda la imagen de Arthur Rimbaud o el Hombre Araña, pero siempre dese una perspectiva de la otredad.

La pluma de Quirarte revela y brinda los ápices de seriedad e impacto que se han derivado desde la imaginación del siglo XIX hasta el XX; siendo cófrade del mismo culto, la respuesta de Jekyll publicada en Los universitarios, se asemeja al texto dedicado a Mr. Hyde: “El bien no hace gran literatura. Tampoco ocupa las primeras planas del periódico”, escriben ambos.

Lo que deja la pregunta, quién imitó a quién. El autor propone que el villano y el héroe comparten la categoría de monstruo al sufrir el rechazo de la sociedad. De manera semejante los textos homenajean al autor y su personaje como a la obra y sus lectores. En su totalidad de análisis sobre la mesa, el título del libro alude a un célebre ensayo de Thomas de Quincey, e igualmente se opone a que el sensacionalismo estigmatice tal o cual literatura. Sin embargo, el académico, como el amante o el admirador, es egoísta y sólo ensaya a sus criaturas preferidas, esperanzado, quizá, a que sus pasos se imiten o simplemente sumiso a su derecho de elección. Considérese a “Del monstruo…”, más que como un libro de ensayos, un almanaque sobre M. Shelley, Frankenstein, Stevenson, Hyde, Rimbaud, Stocker, Drácula, Parker y los románticos de la villa Diodati. Revísese así la propuesta quirartiana de estas imágenes que se han arraigado en el closet de los niños, la fascinación adolescente y la nostalgia del adulto.

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