El regalo
57…58…59… Miércoles. El timbre repiquetea. El sonido lo sorprende
sirviéndose otra copa. Se queda inmóvil con la vista fija en la puerta.
Se termina de un trago el vino. Se acerca lentamente. Se asoma por
la mirilla. Nadie. Abre la puerta sin quitar la cadena de seguridad.
Una caja en el piso. Corre el seguro. “Felicidades”, lee en una tarjeta
pegada al borde. Cierra la puerta. Sopesa la caja. La coloca en la
mesa. Desgarra la envoltura. Retira la tapa. Nada. Mete la mano.
Tantea el fondo. Absolutamente nada. Saca la mano. Se escandaliza:
las puntas de sus dedos han desaparecido. Se acerca la mano a la
cara. Sus dedos se desvanecen gradualmente. Mete la otra mano.
Lo mismo. Mira para todos lados agitando sus brazos incompletos.
Fija la mirada en la caja. Cierra los ojos. Mete la cabeza. La oscuridad
lo envuelve. Los oídos se le tapan. No puede respirar. Abre los ojos.
Ve. Por fin puede ver. Sonríe mientras su cuerpo se desvanece irremediablemente.









marzo 20th, 2012 el 22:57
Excelente!… quien quisiera un regalo asi cuando se esta desesperado?, cuando la vida ya no tiene sentido y solo se quiere desaparecer, irse…desvanecerse… cuando solo la soledad es nuestra compañía y ya no quieres respirar mas… y al fin llega el descanso, la liberación de las penas y desgracias que nos aplastan, al fin la tranquilidad, el silencio… la paz.
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