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Calle adentro

Siempre me sorprendió ver a aquellos vagabundos
bien vestidos. Pantalones grises entallados,
camisa blanca debajo de sus impecables sacos
negros, todos con un pañuelo en el bolsillo, de
distinto color para poder diferenciarlos.
Fuera de aquella atrevida vestimenta eran unos
vagabundos cualesquiera: cabello sucio y largo,
barba crecida, olor fétido, manos gruesas
y enmohecidas, decoradas con unas uñas largas y repletas
de comida putrefacta. Además de los heroicos
gorritos contra el frío que representan casi un lugar
común para cualquier habitante de ciudad.
Se hacían llamar Los súper escogidos y caminaban
calle adentro para merodear por las casas
cuando se quedaban solas. Los descubrí un día de
asueto cuando los vecinos habían salido de la ciudad.
Con cuidado para no ensuciar sus vestidos ejemplares
treparon por la barda hasta lograr someterla sin mayores
apuros. Desde mi ventana pude observar cómo
se paseaban delicadamente por la propiedad ajena,
probándose los vestidos de mi vecina y criticando su
mal gusto. Bebían alcohol de baja calidad adquirido
por ellos. No puedo asegurar que Los súper escogidos
no se hayan robado nada, pero la actitud que demostraron
fue sana y agradable, inclusive pude observar
cómo se deshacían de sus finos zapatos en la entrada
para no contaminar el ambiente preestablecido.
Durante tres días pude escuchar sus voces
burlándose del mal gusto de mi vecina, no sólo por su
ropa, sino por su decoración y malos hábitos alimenticios.
Un par de semanas después la vecina recibió
un sobre con fotos de los vagabundos señalando los
artículos de peor gusto con sus penes erectos, además
de una breve descripción de las peores prendas en su
guardarropa. A pesar de que la vecina intentó levantar
un acta, ésta no procedió debido a que en ninguna
foto aparecía la cara o algún otro rasgo característico
de ninguno de los extravagantes vagabundos.
Antes de salir aquel fin de semana, dejé mi
mejor ropa en el armario. Mi liguero y mis medias
perfectamente acomodados, forré mis ganchos con
satín y tiré la odiosa colección de tacitas de porcelana
que mi madre se ha empeñado en regalarme. Espero
ansiosa el reporte de los errantes bien vestidos

Astrid Novamedi

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2 respuestas de “Calle adentro”

  1. Alex A Larios dice:

    Muy descriptivo, pero me agrada.
    Por cierto, he leído varios de los poemas que nos comparten. Todos geniales.
    ¡Felicidades!

    [Responder]

  2. Lucrecia Jiménez dice:

    Más que poema, me parece que es un cuento. Me gustó, tiene unas imágenes muy originales.

    [Responder]

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